Desde las últimas décadas, Brasil está cada vez más cercano a su autosuficiencia en la producción de petróleo y derivados, lo que deberá hacerse realidad en 2006. Sin embargo, esta conquista de Petrobras anticipó - más rápido de lo que se esperaba - la necesidad de cambios en sus modelos de seguridad y gestión ambiental. Esto quedó claro en 2000, cuando se produjeron fugas en oleoductos localizados en la bahía de Guanabara y en Paraná, cuya gravedad era incompatible con el histórico de la empresa.

Por este motivo, en enero de aquel año, se creó el Programa de Excelencia en Gestión Ambiental y Seguridad Operacional (Pégaso), el mayor de su género en el sector de petróleo, que ya ha invertido, desde entonces, cerca de R$ 8 mil millones.

Coordinado por un grupo de trabajo que contó con la participación de diez distintas gerencias, 80 especialistas y, posteriormente, todos los demás escalafones de la compañía, este programa hizo que Petrobras se convirtiera, en ese periodo, en un gran sitio de construcción, con cerca de 4 mil proyectos en ejecución que abarcaban todas sus unidades.

Estos proyectos comprendían desde la revisión de sistemas y la construcción y ampliación de instalaciones hasta la automatización de la principal red de tuberías de la compañía. Se han implantado también nueve centros de defensa ambiental en las más importantes áreas de actuación de la empresa y se han perfeccionado los sistemas de reducción y tratamiento de efluentes, residuos y emisiones de todas sus unidades. Se han introducido incluso nuevas tecnologías para aumentar la fiabilidad de los equipos y de los sistemas de gestión.